Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

Blancanieves

Permitidme hoy un poco de reflexión (quizá barata) antes de entrar en materia.
Creo que cuando uno habla sobre una película, al final habla más sobre sí mismo; en el sentido de que uno solo puede hablar de su propia percepción: o al menos ese es mi caso siempre. Lo cual a veces puede estar condicionado por otras opiniones, sí, o por la corriente crítica general, ya sea positiva o negativa. Pero en mi caso, cuando empiezo a ver la película, la que sea, tengo mucha facilidad para entregarme a ella y dejar de lado los prejuicios que yo mismo pueda tener, o que los medios me hayan metido en la cabeza.
¿A qué viene esto? Pues bien, esta “Blancanieves” de Pablo Berger (director de la muy recomendable “Torremolinos 73”), tiene grandes críticas por todos lados, y todas van de Muy buena a Obra maestra. O al menos las que yo he visto, que no han sido pocas… No sé si, como ya reflexioné en un post anterior relacionado con “Mátalos suavemente”, el contagio crítico ha podido tener algo que ver o no. Pero como sea, aun habiendo visto lo que creo que es una buena película –y dejando claro que la tengo muy reciente y que a veces hay que dejarla madurar en tu mente– a mí no me ha llegado como parece que les ha llegado a muchos. No es que yo sea de lágrima fácil, pero si la película me emociona, aunque solo sea una de sus escenas, seguro que tendré que quitarme las gafas en algún momento para limpiarme la humedad creciente en los ojos.
Bien: Esto aquí no me ha pasado con escena alguna.
Esta revisión libre del cuento de los hermanos Grimm tiene una gran imaginería visual, tiene valor e ideas, casi diría a borbotones. Pero también diría que en un par de giros (importantes) de guión, todo sucede demasiado rápido, y a mí particularmente eso me ha alejado notablemente de la historia. Había momentos tiernos que no llegaban a enternecerme del todo, y también he tenido la sensación de que si la película no hubiera estado sujeta tanto al cuento de los Grimm como a su condición de cinta muda y en blanco y negro, podría haber salido ganando.
La comparación con “The artist” puede ser odiosa, pero es comprensible. La diferencia es que, con aquella película, aun no habiéndome envejecido de modo interesante ni necesite verla otra vez, sí me emocioné, y su modo narrativo en mudo y blanco y negro me parecía más justificado en cuanto a que la historia trataba el paso del cine mudo al sonoro, etc.
En fin, son formas de narrar y cada uno usa la que quiere, obviamente. Aun así, me ha parecido una película interesante y valiente, y sí, en justicia la recomiendo; pero eso, yo al menos he tenido todo el tiempo la sensación de que no me tocaba la “patata” como pretendía.

(Trailer)

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Esta entrada fue publicada el 13/10/2012 por en Cine.
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