Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

The Master

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“Me costó 5000 dolares llegar al nivel 3, y no me siento diferente…”. Eso decía el gran Joey (“Friends”) sobre su experiencia en una secta. Pero Anderson quiere hablar de otras cosas en “The Master”, ni tan siquiera se preocupa demasiado por abordar el elemento económico (lo cual, en cierto modo complica aún más las cosas).
Son los años cincuenta y ha acabado la 2ª Guerra Mundial; los veteranos ahora tendrán que decidir qué van a hacer ahora que su jornada completa no consiste en sobrevivir y recibir ordenes militares. El vehículo para hablarnos de ello es Freddie Quell (Phoenix), que parece casi más una criatura forzada a lo existencial que un ser humano al uso. Todo el tiempo tiende al enfrentamiento, y su actitud es la de alguien que puede saltar en cualquier momento y largarte un guantazo si algo de lo que le dices no hace más que alimentar su confusión. Encorvado, crispado y siempre con paso firme hacia ninguna parte, de repente el mundo se le antoja un lugar demasiado grande y complicado, y su tensión le hace desear ávidamente en todo momento volver a tener sexo. En esa odisea, el miedo a haber perdido a una chica que es algo más que sexo para él, le acaba haciendo topar impulsivamente con Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), líder de un movimiento sectario cuya “seguridad”, retórica y supuesto aplomo, serán ideales en apariencia para que Quell pueda enfocar su violenta ansiedad en algo.
La cosa, a nivel de trama, no queda ahí. La película se acaba convirtiendo en un análisis de personajes que pone a un mismo nivel a Phoenix y a Hoffman. Algunos secundarios “ruidosos” ponen en tela de juicio sus creencias, y no solo aumenta la crispación en El nuevo, sino que el propio líder sectario mostrará también, aunque muy solapadamente, sus debilidades y dudas (con todo el ambiguo juego que eso da con Anderson al teclado).

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Paul Thomas Anderson, a diferencia de otros autores (aún más crípticos en ese sentido), prefiere la trama lineal y los personajes concretos a la hora de intentar desentrañar o bucear en dudas existenciales y enfermedades mentales al uso. Eso no quiere decir que así el espectador lo tenga más fácil, ya que uno de los méritos de este hombre es el de meterse hasta el cuello en asuntos de lo más complejos sin preocuparse por que su enfoque no esté basado tanto en el entretenimiento como en el factor más cerebral. Con todo, incluso así consigue seguir metiendo esos momentos de comedia/violencia marca de la casa, y enfrentamientos dialécticos que, a un nivel cinematográfico, funcionan mucho mejor que la mayoría de tiroteos y efectos especiales en otras películas.
El apelativo más peyorativo para la película, pues, sería «rara» (o aburrida); pero teniendo en cuenta su capacidad de riesgo, su maestría narrativa y respeto por la inteligencia del espectador, y su falta de vergüenza para mostrarse como material de largo recorrido, para mí es sencillamente fascinante, incluso desde ese enfoque cerebral.

Así, “The Master” no lo tiene muy fácil para gustar sin más en un primer visionado, pero si se sigue con ganas se te puede meter bajo la piel del modo en que solo lo consiguen las películas únicas e irrepetibles. Esto obviamente choca con mentes que no sean lo suficientemente inquietas, y además no es el tipo de cinta que uno puede ver en cualquier momento para llenar dos horas. Nadie dijo que el cine tuviera que ser solo para marcar la diferencia entre estar sentado sin hacer nada y estar sentado mirando una pantalla. En todo caso, si el material llama tu atención lo suficiente, es seguro que, más adelante, en un siguiente visionado, te llegará de un modo mucho más claro, al menos en lo que se refiere a su disfrute.

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Esta entrada fue publicada el 07/01/2013 por en Cine.
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