Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

Amor

amourSeguro que esta película de Haneke puede irritar a muchos que tengan cierto concepto sobre la vida, y no digamos ya sobre la vejez y la enfermedad. Es, probablemente, la película que Elsa Punset te prohibiría…
En cualquier caso, la opinión de un servidor, es que bien se puede decir que lo que presenta su guión, ya sea de una forma más o menos abstracta, es una buena colección de certezas irrebatibles, y quizá tan poco discutibles como lo es el hecho de la muerte.
Me ha sorprendido bastante que esto se haya colado –y a lo bestia– en las nominaciones a los oscar. No se me ocurre nada más anti-oscar que “Amor”.

Básicamente, Haneke decide hablar de la vejez, la enfermedad y la muerte, de la distancia generacional –padres/hijos– casi imposible de salvar en ciertos contextos y fases de la vida, y sí, también del amor, aunque se trate de los actos de amor más dolorosos y definitivos (aunque también auténticos).
“Amor”, narrativamente, huye del sentimentalismo y el efectismo como de la peste, y no es complaciente más allá del puñado de reflexiones que ofrece, unas más positivas que otras, que más bien tratan de la aceptación en su vertiente más jodida y sin-vuelta-atrás.
Es decir, aquí no hay carnaza (aunque sí chicha), el drama es seco y sin complacencia, es lo contrario a esas películas en que se presenta la vejez como una fase más de la vida en la que solo cabe ser feliz.

La pareja protagonista, ambos ya en la tercera edad, son dichosos y están estupendamente juntos. Haneke “enfatiza” en ello en el primer tercio de la función. Luego entra la enfermedad en juego (la de ella), y el marido debe decidir cómo afrontar esa situación. Esto da pie a que el hombre, nada dado a los sentimentalismos (reconozcamoslo, no siempre auténticos) que puedan florecer en el entorno de la pareja debidos a la situación, se preocupe por salvaguardar la dignidad de ambos, y llevar el asunto como su mujer quiere/querría.
De este modo, la enfermedad se presenta como algo inherente a la vejez, de tal forma que hay que decidir qué pasará entonces; ¿una residencia?, ¿maquinas?, ¿hospital?, ¿un chorro de llamadas a allegados y conocidos?, ¿puede que reuniones insistentes?, ¿discursos de homenaje? ¿O discreción y dar la espalda a cierta clase de “circos”? (o que potencialmente se pueden convertir en circos más bien patéticos…). Seguro que hay modos y modos de llevar la vejez y la enfermedad. Pero no parece que a Haneke –recuerdo, ya septuagenario– le parezca muy respetuosa la manera en que la “insolencia de la juventud” (en el sentido más peyorativo) suele afrontar esas lides respecto a sus mayores.
En cualquier caso, película muy potente y honesta para quien busque pensamiento y reflexión, y contraindicada para fans de Elsa Punset.

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Esta entrada fue publicada el 13/01/2013 por en Cine.
Los caprichos de Julie Delpy

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