Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

Antes del anochecer

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A veces, de entrada no sé qué puedo decir sobre ciertas películas. Y sobre todo me pasa con las que a mi juicio son prácticamente incontestables, hablan por sí solas, y te hacen pensar en el potencial lector de esto como alguien que debería estar viendo la peli y no leyendo sobre ella. Como sea, me tomaré el artículo como una forma de que se animen a verla aquellos que sean neófitos en relación a esta trilogía de Richard Linklater, y el inmenso valor que tiene en el cine comercialmente atontado de nuestros días.

Allá por mil novecientos noventa y pico, di en la tele a una hora extraña (siete u ocho de la tarde) con una película ya empezada que, no sabía bien por qué me acabó enganchando. En aquel momento me tragaba todo lo que fuera o pareciera cine, pero no conocía a los actores de la peli, ni a quién dirigía, etc. Era la época en que solía memorizar esas cosas, y, seguramente, esa Antes del amanecer fue una de las películas que contribuyó a mi cinefilia, aunque ya por entonces comenzara a ser evidente.
Cuando eres muy joven crees que conoces muy bien –o mejor de lo que en realidad los conoces– los medios en los que te mueves como consumidor, y por tanto cuando algo parece nuevo (aunque no lo sea y solo lo sea para ti), te llama poderosamente la atención. Esa primera parte de la trilogía constaba de básicamente unos pocos segmentos en los que todo era diálogo. Y el diálogo tenía su punto intelectual (esto cuando quieres ser un entendido del medio, te pone palote), a la vez que se iba condicionando por la vertiente emocional de los personajes (apunto: un chico americano y una chica francesa que pasan un día y una noche en Viena). La película era una delicia minimalista; tenía todos los elementos de “novedad” que buscaba, y a la vez era sentida, te llegaba y te remataba al final de una forma inmejorable.
Un dato de estricta opinión personal, es que, más allá de que los personajes te puedan caer mejor o peor (ya que no dejan de ser dos personas parlanchinas que filosofan sin parar), son absolutamente tridimensionales, y la licencia cinematográfica que trasciende ese realismo reside en el compendio de análisis de las relaciones que perduran al cabo de los años, esas relaciones que representan la piedra angular de una vida estable a todos los niveles. Antes del amanecer, Antes del atardecer y la estrenada ahora Antes del anochecer, se erigen seguro como uno de los mejores análisis cinematográficos de lo que implica una vida en pareja, aunque la propia pareja esté fundamentada en sentimientos reales, y no en cierto tipo de acomodaticia estabilidad (“sentimental”, económica, etc.). Es decir, una vida en pareja fundamentada en la, digamos, querencia irracional y profunda por la otra persona, y no solo en la idea de encontrar a un “compañero de viaje” que te aguante. Linklater se pone en lo difícil, o sea, en contarte la historia de una pareja real en una existencia inevitable como lo es la inexorabilidad del tiempo. Antes del amanecer, pues, es la fase de noviazgo y el descubrimiento de la química en ese contexto, Antes del atardecer tiene que ver con la aceptación de lo anterior (con todas las complicaciones que eso puede conllevar), y Antes del anochecer apunta más a la idea de que el anterior proceso ya es seguramente irrepetible, y por tanto entra en juego otro tipo de aceptación menos amable y, quizá, más resignado.

Antes del anochecer empieza bien, te pone en situación (amigos, Grecia, situación personal de los personajes…), luego entra en el torrente filosófico, y tiene una última media hora de traca en la que se hace difícil pensar en algún cabo suelto en términos de análisis. Resulta bonito por lo honesto que todo se muestra, y luego amargo, y luego otra vez bonito, hasta que todo se acaba mezclando. No es broma, cada película de esta saga comienza pareciendo inofensiva, para irse convirtiendo poco a poco en casi una forma de contarte lo que es la vida y cómo irremediablemente no te puedes librar, no puedes ser independiente o es muy difícil serlo en todo lo que se refiere a Hombres y Mujeres. Son asuntos farragosos, e incluso así Linklater consigue meter algunos momentos de comedia que, aun no queriendo arrancar carcajadas, proporcionan alivio y hacen que aún tengas más empatía por los personajes. Sí, ella es una especie de salvadora del mundo y él es un escritor de éxito también a nivel mundial, pero ni ellos se libran. Y lo más importante, no quieren librarse, ya seas más racional (él) o más neurótica.
Solo añadir que no importa mucho si uno ve esta última (?) peli de la saga antes que las otras, pero obviamente verlas en orden ofrece el añadido de la evolución de los personajes, aunque esta vez eso no sea tanto el motor de la saga como lo que viene por defecto.

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Esta entrada fue publicada el 07/07/2013 por en Cine.
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