Reuniones en la cumbre

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Kick-Ass 2

kick 2Lo mejor que se podía decir de la primera entrega de Kick-Ass era que MOLABA. Así, con mayúsculas, y sin ningún tipo de ironía. Un MOLABA completamente adulto y con la vista atrofiada de ver películas.
Y de esta Kick-Ass 2, pues se puede decir más o menos lo mismo, pero se pueden añadir algunas cosas (y los «peros» no tienen por qué conllevar necesariamente malas noticias). De hecho hay algunos detalles en los que esta secuela se podría considerar incluso mejor. Uno de esos detalles es que, así como la primera tenía –en mi opinión– algunas fallas de ritmo (HitGirl salía a patear cabezas y luego solo querías más HitGirl…), esta segunda me ha parecido mejor equilibrada, casi sin arritmias, y con la misma capacidad de trabajar con habilidad el absurdo y la violencia marca Mark Millar sin que todo te parezca demasiado light en comparación con los cómics (que son una oda al gore salvaje sin cortapisas…)
En cierto modo el Kick-Ass de Matthew Vaughn (que sigue en producción) era un pelín más pretencioso, y su HitGirl más chocante, por ser tan cría y repartir hostias de un modo que hasta llegó a escandalizar a algunos. La primera jugaba la baza del carisma desconocido para el gran público del material proveniente del cómic, y además el afilado acierto de casting con Chloë Moretz nos dejó a muchos con la boca abierta. La combinación de la inteligencia de Vaughn, la comprometida adaptación cómic/película (con visto bueno de Millar), y el modo desprejuiciado con el que salpicaba la sangre, hizo que el cine como medio acortara un poco más las distancias con el cómic (en general) en términos de libertad creativa. (Además de demostrar que escandalizar o desafiar al público de multisalas puede llegar a ser muy fácil…)
De todas formas Jeff Wadlow ha dirigido con pulso firme y sabiendo a lo que se enfrentaba. Nada de Nicolas Cage, una HitGirl adolescente y, eso sí, un Christopher Mintz-Plasse (el mítico McLovin de Superbad) que no parece tener límites para la comedia absurda.
En los primeros minutos la peli parece dudar sobre por dónde tirar para reiniciar el cachondeo y volver a los disfraces, pero una vez superado eso, solo queda relajarse y disfrutar. Se podría pensar –mientras uno la ve– que los momentos de clímax son mejores en la primera, o que en general esta segunda es más plana y menos fresca, menos sorprendente. Pero en realidad al paso de los minutos me ha parecido que la balanza se equilibra bastante entre las dos, y que, eso sí, si quieren hacer una tercera, van a tener que ponerse las pilas de guión y no dormirse en la parra.

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Esta entrada fue publicada el 20/09/2013 por en Cine.
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