Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

Begin again

begi

Sentimientos encontrados me ha provocado esta nueva peli del hacedor de Once. Sobre todo teniendo en cuenta la MUY buena acogida crítica. Estamos ante otra peli realizada de forma sincera y agradable en torno a la música y sus bondades. Mark Ruffalo es un cazatalentos, un tipo en horas bajas al que echan a patadas de su discográfica, y que luego ve cantar una canción en un bar a Keira Knightley (tres intentos para escribir el apellido bien…), una escena sobre la que converge narrativamente buena parte de la cinta.
Hay algunos buenos detalles sobre cómo no explicar una historia de forma lineal, para que algunos momentos resulten más poderosos, y el esfuerzo actoral es muy destacable. Hay buena química entre Ruffalo y la del apellido, y en general un puñado de buenas ideas… ejecutadas no todo lo bien que a servidor le hubiese gustado.
Hay un buen intento de reflexión sobre el mundo de la música, sobre cómo se convierte a las canciones en productos de venta, cómo se pierden con un exceso de producción y pose planeados en despachos por lo que Frank Zappa llamaba ‘listillos’. Pero todo eso se ve un poco un diluido por algunos detalles que para mí lastran un pelín más de la cuenta la peli. Particularmente, y teniendo en cuenta cómo se articulan los personajes centrales, cómo piensan, qué carácter tienen y qué opiniones sobre la música…, me choca bastante la neutralidad pop de la mayoría de los temas que suenan dentro de la acción; lo poco atrevido de sus letras y lo limpio y bastante previsible de sus melodías. Esto sucede durante casi toda la peli; suenan muchas canciones, y apenas un par me llamaron la atención o llegaron a gustar realmente. Se podría decir que es una cuestión de gustos (habrá quien diga que tiene una buena banda sonora), pero insisto, en una obra crítica que reflexiona sobre la autenticidad y personalidad de la buena música y cómo cada músico la siente y la transmite a su manera, esa previsibilidad en el temario me chirrió más de lo que debería. ¿Son malas la canciones? Tampoco diría eso. Pero la variedad estilística brilla por su ausencia. Eso, combinado con el esfuerzo (¿quizá demasiado?) de la peli por resultar vitalista y optimista (algunas veces con escenas que me despertaron una pizca de vergüenza ajena), hacen que todo el conjunto me desilusionara un poco.
Película, pues, que creo que funciona a cierto nivel, pero no al nivel superior que podría haber funcionado. Es recomendable seguramente a la vista del nivel que suele haber en cartelera, pero creo que si John Carney sigue en esta dirección en su siguiente peli, yo me bajaré de este tren de las sonrisas…

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Esta entrada fue publicada el 09/08/2014 por en Cine.
Los caprichos de Julie Delpy

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