Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

Interstellar

interIba a dejar pasar dos o tres días antes de escribir sobre la peli, porque con Nolan me pasa que al acabar la proyección me siento un poco como si hubiera estado intentando caminar con el viento de cara en medio de una tormenta de nieve. Llegas a casa entre sorprendido y emocionado de que esté nevando donde vives, y a la vez resoplando de la que te ha caído… Lo más inteligente es dejar reposar la peli, tener algo de paciencia y ver cómo te madura. Pero soy demasiado ansioso, y no tan inteligente.
(Esto tiene sus riesgos, como salir de ver Prometheus, por ejemplo, haberte divertido, llegar a casa, vomitar cuatro párrafos defendiéndola, y al pasar dos días darte cuenta de que la peli ya no te interesa un carajo…)

Hay una escena en la que Cooper (McConaughey), ya en el espacio, lleva puestos unos auriculares. Tiene un diálogo con un compañero de misión y le deja escuchar. El compañero enseguida entiende; ya lejos de la Tierra el sonido que más podría calmarte es, por ejemplo, el de la lluvia, que es lo que estaba escuchando Cooper. Entonces, aún con ese audio, vemos un plano lejano de la nave surcando el vacío. Es solo un momento, pero creo que un buen (y sutil) ejemplo de síntesis sobre los temas que aborda este nuevo Gigante de Nolan. Una obra que una vez más a algunos les provoca e irrita –o eso parece– por el solo hecho de su ambición.
En este tipo de películas de exploración espacial (o conceptual), cuando se acaban las “certezas” científicas y las rutas más o menos conocidas, el autor tiene que elegir, tiene que tomar una decisión. Tiene que “mojarse” y contar su historia, su versión, que finalmente será, inevitablemente, el contexto y el motor de toda la cinta. Teniendo en cuenta que hablamos del espacio, tienes tal libertad de acción, tienes tanto margen para una lluvia de ideas, que es a la vez emocionante y quizá el escenario más idóneo para cagarla. Si no que se lo cuenten por ejemplo a Robert Zemeckis; estoy bastante seguro de que prefiere no oír hablar de Contact, su artefacto de ciencia ficción de los 90, que aun con una hora y media de lo más reivindicable (y con material de base de Carl Sagan), cuando tuvo que poner en pantalla qué había Más Allá, la peli sufrió un gatillazo que ni el delegado de clase con la líder de las animadoras…
Nolan se la juega, y no poco (otra vez), construyendo un arco argumental que podría haber sido un auténtico desastre, la quinta esencia de lo cursi empapado de filosofía new age. Pero la decisión es valiente, es innegable, y como suele hacer el realizador, dota de tanto músculo a la película, está tan pendiente de no dejar ciertas fisuras, de no caer en el ridículo o marcarse otro Contact, que muy probablemente acabas por “rendirte” y aceptar que estás ante un grupo de aciertos tan contundentes que hacen que las cosas que puedan no convencerte del todo acaben resultando nimias y sencillamente olvidables.
Hay quien no soporta esto. Porque, aun siendo cine de riesgo, hay gente que espera ser “derrotada por KO”, cuando, normalmente, semejante clase de peli, en su primer visionado solo puede ganarte a los puntos. ¿Se entiende la analogía?
Puedo llegar a empatizar un poco con quienes, al acabar la proyección, se sienten agotados y magullados en su esquina del ring, y concluyen que no han visto una muy buena peli, o quizá hasta un nuevo clásico (por mencionar el estándar que se le exige a Nolan), puedo entender que haya quien se queje de que Hans Zimmer atrona casi sin descanso durante buena parte del metraje, o a quien se sienta superado por la verborrea expositiva o la jerga científica (¿y quién no?). Pero como siempre, estas cosas, como por arte de magia, suelen parecer más pulidas cuando uno vuelve a ver la película. Sé que suena irritante, pero la historia del cine está plagada de ejemplos.
Algo que comprendes cuando te has hartado de ver películas, es que cuando no disfrutas no siempre es culpa de la película. Pero creo que esto (lo de no disfrutar) es tendencia hoy en día. Das una imagen más entendida si no te dejas impresionar. Nolan es seguramente el director más afectado por esta especie de síndrome, algo tremendamente potenciado por las redes sociales, por esa angustia que parecemos tener todos, esa obligación de tener una opinión cortante del plato casi antes de haber hincado el tenedor.
¿Es todo esto un alegato conmigo montado a caballo y pintarrajeado de azul con falda escocesa a favor de Nolan? Puede que un poco. Sé que he disfrutado con la película, e incluso con su desvergonzado mensaje un poco ruborizado. El tiempo dirá si ese encantador rubor era más del moflete o del maquillaje.

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2 comentarios el “Interstellar

  1. d:D´
    12/11/2014

    Qué contar que no hayas dicho ya, pero me asomo y dejo algo, si quieres.
    Coincidimos en todo o casi, pero seguramente cercano o más allá del noventa por ciento; humor incluido y porcentaje exacto.
    Resolver una película de este tipo sin entrar en supersticiones nada inocuas, complejas ya por los milenios de tanto machacón con mitra y casulla, no es fácil. Pero este tipo lo resuelve yendo y viniendo y entrando en paradojas que nos recuerdan un bucle donde el futuro es quien construye el presente o, incluso, el pasado sujeto a ese futuro creativo y no tan incierto; pues incierto sólo es el pasado aunque todos tengamos presente el nuestro propio. El de los otros es el que los demás nos han contado.
    Y he aquí que se saludan en un instante de la película cuando ella ve o siente deformada su mano que roza el futuro, no tan lejano tal vez, que aún no se ha realizado para ella pero sí está ocurriendo; ocurrido aunque ya pasado. Todo parece pasar en ese horizonte de sucesos, incluso eso a pesar de que en el tema del tiempo el pasado sea inexpugnable e irreversible. ¿Tanto se retuerce el arco temporal que lo sucedido, lo por suceder y lo sucedáneo se den la mano?

    Lo mejor es la paradoja que resuelve la dimensión más externa y que roza la real sumiendo así a los fantasmas posibles en sólo una explicación posible y mucho más real que cualquier venida del más allá después de muertos; parece que mientras e viva todo es posible. Y aquí es donde la peli acierta y deja en cursilada a la de Contac, que tan bien iba durante su transcurso cuando de pronto se somete a la superstición del más allá…y la cagó. Cagondiola !

    Lo mejor, es que, en esta, no hay otros sino que somos nosotros mismos los que ejercemos el futuro, por tanto la interacción se produce de forma deductiva. Sólo que no queda en un concepto solo y teórico, luego se materializa en la realidad con el regreso.

    Otra cosa altamente probable es que cada vez más el protagonismo se viene repartiendo a medias entre ellos y ellas, siendo ellas las transmisoras de un conocimiento, inteligencia y otras cosas enormes; ellos también aunque más en lo hábil. Dirías que en el arte de pilotar, arte y ejemplo de habilidad. Palabra que por otro lado hubiere sido la correcta para definir a la que tienen los toreros…El arte para quien conduce, pinta esculpe o escribe. Matador.

    Coincidimos, y esa parte me dejó un gran sabor de boca que ese onvre no prescindía de los sonidos terrestres. Luego, ya se sabe, los recuerdos o guiños a películas ya conocidas, o no, se dejan ver y oír. El Espacio y su silencio. El Espacio y los choques entre galaxias de sonidos inaudibles, como los cantos de algunas ballenas; ese sonido imperceptible para nosotros…toda una sinfonía. Y ese robot que tiene forma monolítica que está cargado de conocimiento, sensaciones incluidas.

    Durante tres horas disfruté -no contemos los anuncios- como tantas otras veces con otras tantas…Al margen de posibles realidades e imposibles sueños. Dejando de lado lo que la ciencia determina.

    Para una tarde de cine en pantalla grande, por supuesto; o en la de 60 pulgadas de casa, con chivas, sonido envolvente y oscuridad completa…a sólo tres metros de la pantalla, escuchando su magistral órgano de sonidos…

    Deicaludos :]´

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Esta entrada fue publicada el 10/11/2014 por en Redacción.
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