Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

The Zero Theorem

zeroNo sé si Gilliam chochea artísticamente. Algunos insisten en ello con mucha energía desde hace años (tanto que casi resulta raro que quieran convencerte de que disfrutaron con Brazil o 12 monos). Sí tengo clara una cosa: si es así, prefiero cien veces los chocheos (o caprichos) del ex Monty Python, que la mayoría de películas seguras y académicamente aceptables de otros, pelis que siempre tendrán mejor acogida crítica que cualquier obra aunque solo sea parecida a esta The Zero Theorem.
Cierto es que Gilliam tiene al menos cuatro o cinco películas cuyo nivel hace que otras suyas parezcan seguramente peor de lo que son. Alguna crítica le acusaba de seguir estanco en un histriónico estilo que quizá debería haber superado ya, dejado atrás. Otros hicieron algo así con su carrera, David Cronenberg, por ejemplo, y con resultados espectaculares. Pero nadie dice que un zarandeo del propio estilo tenga que traer necesariamente algo mejor, y es muy fácil que los mismos que vienen denostando al director de Minneapolis en los últimos años, le tiraran tomates igual si ahora hiciera películas más sobrias, quizá acusándole de no seguir con el barroquismo y la locura que antaño le hacían tan especial.
Por otro lado, está el no innecesario dato de que Gilliam siempre se ha querido ser fiel, siempre ha tenido problemas para financiar sus proyectos (por ende), y siempre ha topado con putadas inesperadas (a quién se le iba a morir Heath Ledger durante un rodaje si no…).

zero 2Me esperaba aún más inaccesible esta última peli, y aunque maneja conceptos complejos y grandes preguntas, no te encuentras demasiado perdido si cuentas ya con un poco de bagaje. Se podría interpretar como una versión psicodélica y ultra colorida de aquella Pi áspera y en rugoso blanco y negro, aunque probablemente muchos me rebatirían indignados, ya que Aronofsky se toma bastante más en serio a sí mismo.
The Zero Theorem es cachonda a varios niveles, es extremista en lo visual, abundan los disfraces bajo cualquier excusa, los escotes, las muecas, maneja ese aire ciberpunk + el payaso de Micolor, futurista, estrambótico, deprimente y existencialista a la vez. Cada plano es una maravilla o una pesadilla, según cómo lo veas, y si uno se deja llevar por el gran personaje que compone Christoph Waltz, puede que concluya que esta peli tiene mejores acabados que las inmediatamente anteriores del director.

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Esta entrada fue publicada el 01/12/2014 por en Redacción.
Los caprichos de Julie Delpy

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