Reuniones en la cumbre

Cine y música, música y cine. Sin más.

Puro vicio

inhNo sé si es porque conozco el universo de Pynchon, pero después de haber visto esta película no me explico cómo cualquiera que se las dé de cinéfilo puede no haber quedado como mínimo muy interesado en volver a verla. Sí, hay bastante baile de nombres y tramas y no es fácil de seguir (si es que eso tiene importancia aquí), pero Anderson ha conseguido capturar la esencia del libro de una manera que, alguien que se ha pasado muchas noches leyendo y releyendo ‘Mason y Dixon’, ‘El arco iris de gravedad’ o la propia ‘Inherent vice’, no tiene más remedio que quedarse casi hipnotizado durante las dos horas y media de noir, paranoia, comedia pura, reflexión y grandeza que desprende Puro vicio. Encuentras de todo, y no todo conocido. Por ejemplo gags propios de las comedias más gruesas perfectamente empastados en una obra en la que también encuentras seriedad contemplativa, y hasta, casi seguro ya, la mejor escena de sexo (incluso siendo fugaz) que se va a ver este año. Joaquin Phoenix, con su personaje colocado durante TODO el metraje, tiene tal nivel magnetismo que solo eso ya sería suficiente para seguir sin atisbo de aburrimiento toda la peli. Pero obviamente la cosa no queda ahí. No estamos ante una obra académica con un guión cuadriculado y buenas interpretaciones (ahora que el oscar al guión adaptado se lo hayan dado a The Imitation Game me parece de risa…), estamos más bien en el otro extremo, o directamente en otro universo. Uno desconocido, por supuesto, disfrazado de cine negro, pero en el que la cosa no queda en un rocambolesco lío detectivesco (eso es la piel), sino que va mucho más allá, conformando un fresco estético y fumado de una época ya de por sí recargada y puesta de cualquier droga imaginable. Esto es algo muy propio de Pynchon. Si quieres retratar y hacer llegar de verdad un suceso o un momento de la Historia, limitarte a contarla sólo se queda en datos la mayoría de veces, y precisamente la ficción tiene herramientas (es voluble) que van más allá para poder hacer que de verdad el espectador llegue a sentir, aunque solo sea por un rato, en este caso, qué significaba vivir a finales de los años setenta en California. O, básicamente, qué aire se respiraba en otra época, qué miedos, frustraciones, qué ímpetus del capitalismo y reacciones del romanticismo tenían lugar.
Es lo contrario a un libro de historia o una clase maestra. Es eléctrico, divertido, salvaje y descontrolado: insisto, no me cabe en la cabeza cómo alguien se ha podido aburrir en el cine con esto. A no ser que esperaran otra cosa, o más bien algo ya hecho pero un poquito peor, que es lo que suele pasar.
Puro vicio empuja el límite del lenguaje cinematográfico igual que Pynchon siempre ha retorcido y envenenado la narrativa literaria. Y es obvio que hacer eso siempre va a suponer ponerte en contra a gran parte del público, ya sea porque se aburrirán o porque creerán que de algún modo lo saben ya todo en cuanto a qué esperar, que todo se ha hecho ya y nadie hoy en día debería ser desafiante; o en otras palabras: artista. Algo, para muchos, solo reservado para personalidades del pasado, a poder ser muertas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 15/03/2015 por en Redacción.
Los caprichos de Julie Delpy

Un espacio sin críticos, sólo libros, películas y música conectados así nomás, como toda cosa.

The WordPress.com Blog

The latest news on WordPress.com and the WordPress community.

A %d blogueros les gusta esto: