Reuniones en la cumbre

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Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia

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Después de algo así como un siglo de clips y trailers y entrevistas y Ben Affleck y Gal Gadot y hype desmedido y pases previos, y gente rajando y haciéndose el hara-kiri crítico o sacando las cosas de quicio en definitiva, ves la peli de turno, y la primera conclusión es evidente: raramente la cinta está la altura del ruido que genera. Para bien o para mal. La inversión en publicidad se desborda y los cinéfagos entramos al trapo chapoteando en expectativas, ilusiones y desilusiones. Al final del trayecto, muy a menudo, el tiempo dicta la sensación final, que suele ser de indiferencia, o al menos algo muy parecido.
No sé qué dirá el tiempo de la nueva cabalgata cinética de Zack Snyder. Hay veces que, con una película de esta envergadura –y si valoras el cine de superhéroes igual que cualquier otra forma de cine–, puede bastar con que haya sido un buen intento. Creo que este Batman v. Superman… es un buen intento, y lo es en el buen sentido. Snyder opta otra vez por arrinconarnos en la esquina del ring hasta hacer que nos rindamos, aunque lo hace, eso sí, con más aciertos que en El hombre de acero. Uno de esos aciertos es precisamente coger como punto de partida el final del anterior film, y marcarse un “a ver, dejadme que me explique…”. Una decisión inteligente que sienta las bases argumentales sobre las que trabajar una película distinta, más difícil, pero también bastante más conseguida.
Por desgracia, no estamos ante una obra que haya conseguido tener su propia personalidad, sino más bien ante un conjunto de destellos, escenas molonas, y, eso sí, quizá el Batman más logrado hasta la fecha; un Batman que no necesita vivir de lo que le rodea, sino que brilla con luz propia y saca la cabeza a la misma altura que el resto del reparto.
Es innegable, de todas formas, que, aunque aquí no quepa el aburrimiento, la trama tiende a avanzar a trompicones, la película es caprichosa, supedita ciertas confrontaciones y su puesta en escena a una coherencia narrativa que la haría brillar mucho más en sus puntuales pinceladas mesiánicas.
Lo que podría haber sido una cinta a quedar entre las primeras de su género, se queda en un producto irregular cuya dignísima salvación está en haber dinamitado el electroencefalograma plano. Enfrentamientos potentes, apariciones épicas, escenas de puro músculo que justifican tu entrada, y esta Wonder Woman junto a este Batman, hacen que fácilmente quedes lejos de arrepentirte de haberte tragado estas dos horas y media de pantalla grande.
La conclusión “definitiva” con esta peli y lo que la rodea, para mí es clara: la peli, pues bien, aunque obviamente las haya mejores en su campo; pero la gente… la gente está muy mal, y a menudo se nos olvida cómo era aquello de dejarse llevar y disfrutar.

 

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Esta entrada fue publicada el 24/03/2016 por en Redacción.
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